Max llevaba catorce minutos en su ciclo activo cuando el ascensor sonó a las cuatro en punto. Liam apareció en el umbral. La luz de jueves entraba lateral. Durante cuatro segundos, los dos se miraron sin decir nada. Después Alice le pasó a Max, y las manos volvieron a encontrarse alrededor del cuerpo pequeño, el calor exacto entre ambos, la temperatura que ella conocía de memoria.
Esta vez el gesto pesó distinto, no por el traspaso en sí, sino por todo lo que Alice llevaba dentro desde la llamad