Max estaba en su ciclo activo.
Alice lo sabía porque a las tres y cincuenta y siete llevaba ya catorce minutos con los brazos agitándose sin dirección específica y la cabeza girando hacia cualquier cosa que se moviera dentro de su campo visual: la cortina cuando entró aire por la ventana, la sombra de la palmera de Thomas sobre el techo, las manos de Alice cuando ella le acomodó la ropa antes de que llegara la hora.
El ciclo activo de Max podía durar entre cuarenta y ochenta minutos.
Alice lo c