Alice había dejado el teléfono boca arriba sobre el escritorio la noche anterior, y por la mañana lo encontró exactamente donde lo había dejado: la pantalla apagada, la respuesta de Liam archivada en el hilo y, aun así, distinta de las demás. No por las palabras, sino por el lugar que ocupaban. Hasta entonces, casi todo lo que venía de él terminaba en algún espacio protegido. Pero aquella frase sobre Thomas y la sombra había dormido boca arriba sobre su escritorio, visible incluso apagada.
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