Porque estaba donde tú lo dejaste. La frase no interrumpía la mañana del jueves: la acompañaba. Alice la encontró en la pausa antes de levantarse, en el segundo extra que tardó en ir hacia la cuna cuando Max empezó a moverse, en la forma en que miró la mesilla donde descansaban el libro de la luna y el teléfono.
Eduardo llegó a las nueve con la carpeta del día y con algo que no formaba parte de los informes: una carpeta delgada de cartón verde desvanecido, con la letra de Thomas en el lomo. No l