Katherine Hayes descolgó al segundo tono.
—Sabía que ibas a llamar esta noche.
Alice no saludó. En ese momento, cada palabra tenía que servir para algo.
—¿Ese documento es real?
Katherine no preguntó cuál. Esa era una de las razones por las que Alice todavía la llamaba antes que a casi cualquiera: entendía que ciertas mujeres no necesitaban explicaciones largas. Necesitaban precisión.
—El encabezado, sí —dijo Katherine—. La solicitud existe. La audiencia urgente también.
Alice estaba de pie jun