Alice abrió el mensaje de Liam en el corredor del cuarto piso.
Ahora sé que sí.
Lo leyó de pie, con el hotel respirando debajo y Max en la hamaca portátil al fondo del despacho, visible a través de la puerta abierta. Afuera, desde la ventana del pasillo, la palmera de Thomas sostenía su sombra sobre el jardín interior con esa constancia que parecía pertenecer a otra clase de tiempo.
Alice volvió a leer la frase.
Entonces se sentó en el suelo.
El cuerpo le pidió una geometría distinta para recib