El miércoles por la tarde olía a café viejo y a madera pulida.
Era el olor específico del cuarto piso a las cinco de la tarde, cuando la luz entraba baja desde el oeste y los pasillos del hotel tenían esa temperatura quieta de los espacios que ya terminaron su trabajo del día y todavía no han empezado el de la noche.
Alice lo conocía de memoria.
Lo había aprendido durante semanas de tardes exactamente como esa: Max dormido en la cuna, los informes terminados, los ascensores moviéndose con suavi