La convocatoria llegó por Harrison.
No por mensaje de su madre.
No por llamada directa.
A las cuatro de la tarde, Harrison apareció en el umbral del despacho con esa neutralidad impecable de quien entrega órdenes que no le corresponde discutir.
—Su madre lo espera en el penthouse a las seis.
Liam no levantó la vista del informe.
—¿Dijo para qué?
—No.
Claro que no.
Margaret Walton nunca convocaba sin propósito.
Y jamás explicaba el propósito antes de tiempo.
—Dile que estaré ahí.
Harrison asintió