La convocatoria llegó por Harrison.
No por mensaje directo ni por llamada de su madre al teléfono personal. A las cuatro de la tarde del jueves, Harrison apareció en el umbral del despacho con esa neutralidad profesional de quien transmite instrucciones que no le corresponde cuestionar.
—Su madre lo espera en el penthouse a las seis.
Liam no levantó la vista del informe.
—¿Dijo para qué?
—No.
Margaret Walton nunca convocaba sin propósito y nunca explicaba el propósito antes de tiempo.
—Dile que