Karl Smith llegó con veinte minutos de anticipación.
No era descuido. Era método. Llegar antes le permitía tomar la temperatura de la sala, ver el espacio sin interferencias, no entrar nunca a ningún sitio desde la reacción.
Eduardo lo recibió en recepción con la cortesía precisa que el Hotel Miller dispensaba a visitantes de ese nivel: nombre correcto, ninguna familiaridad, la indicación del salón de reuniones en el ala de trabajo. Nada más.
Karl conocía el hotel. No necesitaba guía.
Dejó el m