Liam llamó a las diez y cuarenta y tres. Alice estaba en el corredor, de camino al despacho con Max en el portabebés. Sacó el teléfono sin mirar. Lo miró. Tardó un tono en contestar, el justo para que no pareciera que lo esperaba, aunque la verdad era que llevaba dos días con el hilo abierto en segundo plano por esa razón sin nombre: saber que estaba ahí.
—Alice.
La voz más baja de lo habitual. Siempre más baja cuando la llamaba sin urgencia que lo justificara.
—Fuller envió esta mañana una noti