Natasha Sinclair hablaba despacio, no por precaución excesiva, sino porque llevaba suficiente tiempo en conversaciones de alto riesgo como para saber que la velocidad de una frase determinaba cómo era recibida.
—Voy a enviarte lo que queda. Esta tarde. Mensajero al hotel. No hay condiciones. No hay conversación posterior si no quieres tenerla.
—¿Por qué ahora?
—Porque ya no hay ninguna razón para guardarlo. Estuve mucho tiempo usando información como moneda. Con Liam. Con Margaret. Y entonces Li