La frente de Max estaba más caliente de lo que debía.
Alice lo supo antes de que el termómetro confirmara nada: con la palma apoyada sobre la piel tibia de su hijo, ese calor ligeramente diferente al calor normal de bebé, como si el cuerpo hubiera subido un grado de temperatura interior y el exterior todavía estuviera calibrando la respuesta. La niñera explicaba en voz baja que Max había empezado a inquietarse hacia las cuatro y media, que había pedido pecho más de lo acostumbrado y que hacia la