La gala de la Fundación Thomas Miller fue un martes por la noche.
No se hizo en el salón principal del hotel. Habría sido demasiado grande, demasiado brillante, demasiado parecido a los eventos donde la forma intenta compensar la falta de verdad. Alice eligió el jardín de Thomas, con luces bajas entre las plantas, mesas largas sin protocolo de asientos y la palmera iluminada desde abajo con esa luz cálida que Eduardo había instalado meses atrás para que no desapareciera del todo en las noches d