El silencio del hotel después de las once nunca era silencio completo.
Alice lo sabía desde los primeros meses de Max, cuando aprendió a distinguir los sonidos que importaban de los que solo formaban parte de la respiración nocturna del edificio. Los ascensores bajaban con menos frecuencia, el lobby quedaba en manos del turno de noche, los pasillos del cuarto piso se vaciaban y la lámpara baja que Eduardo había instalado dejaba una claridad suficiente para no encender la luz grande si Max desper