La mañana del último domingo del año llegó con luz.
No era una luz dramática ni uno de esos amaneceres que parecen querer decir algo. Era la luz ordinaria y suficiente de una mañana de diciembre en Miami: blanca, horizontal, sin urgencia. El tipo de luz que permite que las cosas parezcan exactamente lo que son.
Alice estaba en la cocina de la suite cuando oyó a Max.
No era llanto ni reclamo. Era el sonido de Max despierto y explorando, ese balbuceo que había ido ganando variantes en los últimos