La galería Meridian Projects estaba en Wynwood, en un edificio que había sido almacén industrial y que alguien había convertido en espacio de arte con la convicción de que los techos de seis metros y el hormigón sin revestir eran suficiente argumento estético.
Lo eran.
Natasha llegó veinte minutos antes de la hora marcada en la invitación.
No por ansiedad. Porque los espacios vacíos decían cosas que los espacios llenos ocultaban: dónde se formaría el flujo, qué rincones permitían observar sin q