Liam llegó con el libro azul y una calma que Alice todavía no sabía leer del todo.
A las cuatro, Max reconoció su voz antes de verlo. Giró la cabeza desde los brazos de Alice con esa anticipación que ya no parecía una sorpresa, sino una parte instalada de su rutina. Seis meses y cuatro días, una mano cerrada sobre la manta, los ojos siguiendo el movimiento de Liam desde el umbral hasta la silla de las visitas.
La tarde empezó bien.
Quizá eso fue lo que la volvió más peligrosa.
El traspaso fue li