La tensión en la Mansión era palpable tras el estallido de Demian. Alessandro estaba furioso por la imprudencia, pero impotente ante la alianza entre la Matriarca y el Patriarca.
—Si algo le sucede a ella o a los bebés, Demian, juro que... —advirtió Alessandro, con los ojos inyectados en sangre.
—¡Cállate, muchacho! —cortó Demian, que vestía un traje impecable y una venda en el hombro—. Yo fui herido por su causa. ¡Y yo soy quien la sacará de esta cueva! El aire es vida. Dante viene conmigo.