La mañana se movía con la precisión implacable de las órdenes de Alessandro. Tras sellar la alianza sobre el desayuno frío, no hubo tiempo para el arrepentimiento o la intimidad. La noche de fuego se había quedado atrás, reemplazada por la urgente necesidad de supervivencia y estrategia.
Alessandro le ordenó a Aurora que se vistiera con la ropa más discreta posible de su nueva colección (un pantalón negro de lana y un jersey de cuello alto). La seda del vestido de la noche anterior quedó abando