9. La Ira del Príncipe
Sin más palabras, Alexander salió de la sala con Stiff siguiéndolo de cerca. Aunque había concluido que la culpable ya no estaba allí, su ira no se había disipado. Sabía que aquella mujer, la bailarina que había osado enfrentarlo, estaba en algún lugar, riéndose de él. Y Alexander no era un hombre que aceptara ser desafiado sin consecuencias
—Encuentra a esa mujer, Stiff, y tráela ante mí. No importa cuánto tarde ni cuánto cueste, quiero respuestas.
Mientras las puertas de la sala se cerraban tr