10. El Dilema de Rafif
—¿Crees que han descubierto que es Celeste quien ofendió al príncipe? —insistió Arley, con los ojos muy abiertos. El nombre de Celeste era un peso peligroso que no se atrevía a pronunciar en voz alta, pero no podía evitarlo.
Rafif cerró los ojos con fuerza por un instante, apretando los puños. La mención de Celeste lo hizo sentir como si estuviera al borde de un abismo.
—No hables de eso, Arley. Por Alá, Celeste, ¿en qué lío me has metido esta vez? —murmuró, más para sí mismo que para su asisten