Los ojos de Damián se humedecieron: Aitana tenía razón en odiarlo.
Pronto, la sirvienta trajo un tazón de fideos, cubiertos con salsa de carne, cuyo aspecto despertaba el apetito. Damián apagó el cigarrillo y comenzó a comer.
La sirvienta, de pie a un lado, preguntó cautelosamente:
—¿Qué dice la señora? ¿Volverá?
Damián detuvo su movimiento.
Después de un momento, dijo suavemente:
—La señora no volverá, está enojada conmigo.
La sirvienta no se atrevió a preguntar más.
Un tazón de fideos sencillo