Aitana bajó la mirada:
—Hace tiempo que no duele.
Los ojos de Damián se profundizaron:
—Si no duele, ¿por qué lloras acuclillada en la calle? Aitana, en realidad podrías...
Aitana replicó:
—¿Llorar en tus brazos? Damián, tus brazos están demasiado ocupados.
Él quiso explicarse, pero finalmente desistió.
Aitana ya no tenía ni una pizca de confianza en él. Explicar parecía inútil, y además, sinceramente quería que ella viviera con más libertad, como le había dicho cuando le propuso matrimonio—
Mi