Esa bofetada dejó a Lía aturdida.
Se cubrió la mejilla, mirando a Alejandro sin poder creerlo, murmurando:
—¿Cómo es posible? Aitana no puede tener hijos, ya no tiene valor.
El ambiente se tornó más gélido que el rostro sombrío de Alejandro.
Alejandro sonrió fríamente:
—¿El valor de mi Aitana se reduce únicamente a tener hijos?
Todos se sorprendieron.
En el pasado, Alejandro había sido quien más insistía en tener descendencia.
Lía no se dio por vencida.
Había venido en Año Nuevo, vestida ligeram