Alejandro añadió:
—Dile que venga un momento.
Fernando asintió.
Salió del estudio con sentimientos extremadamente complejos. Como padre, deseaba la felicidad de su hijo, pero ahora parecía que Aitana no querría permanecer con los Uribe.
Reflexionando nuevamente, se arrepintió de la imprudencia e intolerancia de su esposa.
En el salón principal de los Uribe reinaba el silencio. Todos estaban sentados, sin ánimos para desayunar.
Fernando entró y se dirigió a Aitana con amabilidad:
—Ve al estudio,