Al amanecer, Aitana se despertó.
Lo primero que vio fue el rostro preocupado de Alejandro. Sus primeras palabras fueron: —Tu abuela ha despertado. Los dioses realmente se conmovieron con tu sinceridad, y durante la noche la rescataron de las puertas de la muerte.
—¿De verdad?
Apoyada en la almohada, las lágrimas de Aitana caían incontrolablemente.
Alejandro le arregló la manta y le aseguró: —¡Es cierto! No te apresures a moverte. Allá hay médicos profesionales y enfermeras cuidándola. Tú necesit