Luis y Elia llegaron primero.
No eran ni las nueve, los dos bebés aún no se habían dormido, pero ya los habían bañado y les habían puesto pijamas de una pieza. Estaban acostados uno al lado del otro en la cama, mordiéndose las manitas y charlando con balbuceos.
Cuando llegó Luis, la gente de los Uribe aún no se había enterado. Al empujar la puerta del dormitorio, la empleada que los cuidaba se volteó sonriendo: —¿La señorita Elia regresó? ¿Este es el papá de Erik y Cecilia? Con esa presencia se