En el restaurante, Lucas permaneció sentado en soledad durante mucho tiempo.
La lluvia ligera continuaba sin cesar. Hasta que la tarde se volvió brumosa, no mostraba indicios de detenerse. La lluvia de marzo había empapado completamente el cielo y la tierra, pero no lograba penetrar el corazón de Lucas. Sus manos no dejaban de juguetear con esa pulsera de coral.
Sueño Encantador, su ilusión.
Tampoco entendía por qué quería complicarle la vida a Susana. Aparte de su preocupación por Jazmín, debía