Aitana regresó a casa.
Zarina, preocupada por ella, apenas había dormido. Al verla llegar, le preparó té caliente y se sentaron a conversar íntimamente como madre e hija.
Al hablar de Mateo, Aitana se mostraba tanto feliz como afligida.
Le dijo a Zarina: —Aunque nació del mismo embarazo que Elia, es una cabeza más bajo que ella y mucho más delgado. Claramente ha sufrido carencias y necesita que lo cuidemos bien.
Al escucharla, Zarina también se entristeció y asintió, afirmando que había que mima