Finalmente, Lina no pudo contenerse y habló entre sollozos:
—Desde que naciste, nunca pude abrazarte apropiadamente, y luego... ¡perdí mi oportunidad!
—Te he fallado.
...
Lina quería abrazar a Elia, pero temía que Aitana se molestara o que la niña se sintiera incómoda con una extraña.
Elia saltó de la mesa y, con naturalidad, abrazó a Lina mientras la llamaba dulcemente: —Abuela.
En ese momento, los ojos de Lina se llenaron de lágrimas, sintiendo una mezcla de amargura y remordimiento.
Abrazó fu