Aitana cerró el grifo y levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Damián en el espejo. Su voz sonó distante: —Mi vida personal ya no es asunto tuyo, ¿no crees?
La nuez de Adán de Damián se movió ligeramente: —Sí, tienes razón, no es asunto mío.
Aitana dio media vuelta y se marchó.
Al cruzarse, el brazo derecho de Damián, oculto bajo el saco, hizo un movimiento casi imperceptible, pero finalmente no hizo nada, permitiéndole alejarse.
Contempló su reflejo en el espejo y sonrió con amargur