Chloe Donovan
El encierro en mi nueva habitación era lo único que mantenía mi cordura intacta. Estaba rodeada de bastidores vacíos, pero no tenía ganas de pintar; sentía que si ponía un pincel sobre el lienzo, solo saldrían manchas negras y profundas, como el vacío que sentía en el pecho. El silencio era mi escudo, hasta que unos golpes rítmicos y urgentes en la puerta me obligaron a volver a la realidad.
—Chloe, ábreme. Es una emergencia —la voz de Spencer sonaba ahogada a través de la madera.