—Chloe no siempre fue la mujer centrada y racional que ves ahora —empezó Casey—. Cuando tenía diecisiete años, era una adolescente rebelde. Quería escapar de todo, de la presión, del apellido que mi padre intentaba limpiar. Y conoció a un chico. Uno de esos "niños de cuna", de familia rica, de los que creen que el mundo les pertenece por derecho de nacimiento.
Sentí una punzada de celos retrospectivos, pero la silencié. Sabía que esto no era una historia de amor adolescente común.
—Se enamoraro