Chloe Donovan
Tener a Mia Blackwood en nuestra sala era como haber metido una ráfaga de aire fresco y peligroso en un búnker militar. La noche avanzaba y, contra todo pronóstico, la tensión inicial se había disuelto en una especie de camaradería doméstica que me resultaba fascinante y aterradora a partes iguales.
Mia no paraba de hablar. Nos contó con lujo de detalles cómo era su vida en la universidad, rodeada de gente que Liam clasificaba rápidamente como "objetivos de bajo valor intelectual"