—Te presento a mi abuelo.
La voz de Adrián fue lo único que rompió el silencio.
Sentí a Adrián detenerse a mi lado. No delante de mí. No guiando. A mi lado.
Por primera vez… no era él quien dominaba la escena.
Y eso fue suficiente para entenderlo: no estaba frente al hombre que ejecutaba las decisiones, sino frente al hombre que las tomaba.
—Llegaste —dijo la voz.
Sin ser fuerte ni grave, tenía una claridad incómoda, como si cada palabra estuviera colocada exactamente donde debía estar.
Sus ojo