Nos dirigimos al lugar donde, según Ludovico, Vittoria Allegri se estaba hospedando. Era un hotel lujoso en las afueras de la ciudad, discreto, pero demasiado ostentoso para no llamar la atención en ciertos círculos.
Luciano iba al volante, con la mandíbula apretada y los ojos clavados en el camino. Yo estaba sentada a su lado, sintiendo el peso de su tensión como una nube que se cernía sobre nosotros. Ludovico y Bruno venían en otro auto, escoltándonos.
—Luciano —dije suavemente, intentando ro