La habitación estaba bañada en una luz blanca que se sentía opresiva, como si el espacio mismo estuviera observándonos. Los documentos, perfectamente alineados sobre la mesa central, parecían burlarse de nuestra presencia. Sabíamos que no serían fáciles de obtener, y menos con Ferri controlando cada movimiento.
De los altavoces volvió a resonar su voz, esta vez más pausada, pero cargada de veneno.
—Luciano, ¿realmente creías que podrías vencerme? Has jugado bien tus cartas, pero olvidaste una r