Capítulo 42

La luz de la mañana era tenue cuando nos reagrupamos en un pequeño puerto pesquero al norte de Portovenere. El ambiente estaba cargado de tensión. Ludovico, herido pero estable, descansaba en el asiento trasero de una camioneta. Vittoria permanecía en silencio, observando el horizonte con un aire ausente, mientras yo revisaba los archivos extraídos en la operación.

No podía quitarme de la cabeza la imagen de Luciano desapareciendo entre las llamas. Habían pasado apenas unas horas desde la explo
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