Las luces rojas y azules parpadeaban contra las paredes de la iglesia mientras los paramédicos irrumpían con una camilla y un maletín de emergencia. Berlín se apartó de Laura, con las manos cubiertas de sangre y el rostro desencajado.
—Tiene una herida profunda en el abdomen, ha perdido mucha sangre —dijo Berlín mientras uno de los paramédicos lo apartaba suavemente.
Valentina, de pie junto a Benjamín, no decían nada. Solo miraban a Laura, su pecho subiendo y bajando con dificultad, sus pestaña