Varios gritos de pánico estallaron al instante. Algunas personas retrocedieron de golpe, otros se lanzaron al suelo, mientras un murmullo aterrorizado recorría la iglesia como una ráfaga de viento helado. Berlín se interpuso de inmediato entre Valentina y Marina, con los músculos tensos, el rostro endurecido y los puños listos para actuar si era necesario.
La atmósfera se volvió sofocante. El eco de los jadeos y murmullos temblorosos llenaba el espacio entre los bancos, mientras el brillo dora