El sol de Italia ya estaba bajo en el horizonte cuando Lucrecia recibió la noticia de que debía avisar a los padres de Marina sobre su traslado a Italia. Cosa que logró Berlín con la ayuda de Gabriel Milano. Lucrecia Se encontraba en espera de los padres de Marina, mirando sin mucho interés la calle vacía, cuando el sonido de su teléfono interrumpió su letargo. Era un mensaje de voz de Claudia, su media hermana.
—Dime que paso con mi hija. Lucrecia. —se escuchó el audio con la voz de una madre