A Jazmín le había amanecido tarde. El sol ya estaba alto en el cielo, y la luz entraba por la ventana, pero ella seguía en la cama, sin poder levantarse. No había pegado el ojo en toda la noche, dando vueltas y vueltas en la cama, con la imagen de su novio abrazando a otra mujer en su cabeza.
Se sentía fatal, destrozada por dentro. Las fotos la habían golpeado como un jarro de agua fría, y no entendía cómo su novio, la persona que se suponía que la amaba, podía haberla traicionado de esa manera