Benjamín no se quedó tranquilo, la siguió buscando, hasta que llegó a la habitación de hotel. La llave encajó en la cerradura con un suave clic. Al abrir la puerta, una cálida luz envolvió la habitación. Allí estaba ella, Valentina, acurrucada en la cama, su rostro oculto entre las sábanas.
Se acercó lentamente y tocó su mejilla. La piel de Valentina era suave como el pétalo de una rosa.
—Eres tan explosiva, pero hermosa —susurró, dejando un beso suave en su cuello.
Valentina se sobresaltó y a