Había llegado el último día de estadía en Roma, Berlín pidió una última cena buscando aún más la aprobación de Gabriel y que Valentina disfrutara del lugar donde su padre vivió muchos años.
Valentina, a pesar de haber aceptado quedarse para cenar, sentía una incomodidad constante. La mirada de Lucrecia la perseguía por todas partes, y los coqueteos de Marina con Benjamín solo empeoraban las cosas.
Berlín, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, invitó a la familia de su novia a una última c