El sonido de pasos apresurados y murmullos llenaba el aire en la empresa Milano. El día anterior había sido un desastre para Benjamín y Valentina, y ahora parecía que las cosas estaban a punto de complicarse aún más.
Gabriel Milano bajó de la camioneta, su traje impecable y su cabello perfectamente peinado. Su hija, Jazmín, lo siguió de cerca, su rostro serio y concentrado. Su esposa, Martina, se quedó un paso atrás, observando la escena con curiosidad.
—¿Qué hace esa mujer aquí? —preguntó Mart