La luz de la mañana entraba a raudales por los ventanales de mi oficina, como si tuviera la osadía de recordarme que un nuevo día comenzaba. La temperatura se sentia fresca, yo, en cambio, no me sentía nueva ni fresca.
Apenas me había mirado al espejo antes de salir, suficiente para arreglar mi maquillaje y asegurarme de que la máscara estaba intacta.
Nada de lo que llevaba dentro debía reflejarse afuera. Nadie tenia que saber en especial Sam que estaba muriendo lentamente y que ademas heri a s