Las palabras de Sam aún seguían rebotando en su cabeza…”La prometida de Jareth “
El mundo no se detuvo. No hubo relámpagos, ni truenos, ni tragedias externas. Pero dentro de ella, algo sí se quebró.
Como si un cristal se astillara en silencio, apenas perceptible… pero irrecuperable.
Jareth, mientras tanto, permanecía en una esquina, con el rostro tenso, la mirada fija en el suelo. Ni un intento por acercarse. Ni una sola palabra.
Eso dolía más.
—Voy a subir un momento, Sam, necesito revisar un