Horas después…
Eirin caminaba sola por una calle estrecha y discreta del centro, donde los edificios antiguos proyectaban la imponencia de la noche. El aire era denso, como si hasta la noche se resistiera a proseguir, arrastrando con ella secretos no confesados. Llevaba un abrigo largo color crema que contrastaba con el gris del entorno, gafas oscuras que ocultaban más que su identidad, y el cabello recogido en una trenza tirante, como si quisiera sujetar con ella el caos interno que la devorab