El silencio del bufete era denso, opaco, como si el aire se hubiera coagulado en los rincones. Ethan estaba allí inovil frente al ventanal de su despacho, ya el personal se había retirado, o debían quedar muy pocas personas, eran pasadas las ocho de la noche. Permanecí ahí con la vista clavada en la ciudad que se desplegaba abajo como un tapiz indiferente de luces y movimiento. Pero para él, todo lo externo se había vuelto ajeno. Irrelevante.
Sus hombros estaban tensos, la mandíbula firme como