En otro punto del mapa, Ethan recibió un video.
Era corto, con una duración de menos de un minuto. Pero lo suficientemente contundente para golpearlo sin recibir una agresión física. Se veía a Eirin, sentada, en bata de seda, copa en mano y Orestes a su lado. Sus rostros no decían mucho, pero la imagen... él la conocía. Sabía leerla. Y en esa grabación, vio lo que nunca quiso ver.
Su mente se nubló.
Larissa le dejó el teléfono frente a él. Se había encargado de que el video llegara a sus manos.