Capítulo 94. Tal palo, tal astilla.
La puerta del penthouse se cerró de un tirón. Victoria entró a la sala pisando fuerte, tiró su bolso sobre la mesa y resopló. Venía con una cara de fastidio que no podía ocultar.
Leah, que estaba recostada en el sofá revisando su teléfono con una sonrisa en la cara, apenas levantó la mirada para ver a su madre.
—Acabo de ver a Gerardo allá abajo, en la entrada —espetó Victoria—. El muy infeliz ni siquiera me saludó. Pasó por mi lado como si yo fuera un mueble más del edificio.
Leah soltó una ri